jueves, 25 de junio de 2015

Soledad Cruella


Graciela Medina dice de sí misma.

Me llamaron Graciela sin consultarme y esto en mi recuerdo se remonta a no más de media vida. De haber podido elegir, me hubiese nombrado Madeleine y hoy
seguramente sería protagonista en escritos prestigiosos. De cualquier modo y dada una personalidad que fui descubriendo cautivante, he cosechando amistades en todo el mundo, muchas de las cuales no se dieron por enteradas lo que me llevó a pensar en mejorar mi conocimiento sobre idiomas extranjeros. De apariencia armónica aunque carente de grandes opulencias, deslumbro al sexo masculino cuando contoneándome, repiqueteo mis taquitos en las veredas. Estudiante destacada, me avoqué a desarrollar distintas carreras técnicas. También Comunicación Social; Computación aplicada a ciencias contables; Alta Cocina y entre otras: Ceremonial y Protocolo, lo que habla a las claras de mis apasionadas aunque un tanto desordenadas elecciones. Exacerbada mi imaginación con historias familiares de tesoros escondidos, y aventuras de las Mil y Una Noches ( marcada ascendencia árabe), en mi infancia decidí incursionar en la escritura... intento que en la actualidad me quita el sueño, pero que sencillamente no abandonaré. De la mano de Alfonsina Storni, Borges, Poe, Gabriel García Márquez, continúo descubriendo día a día el enorme placer que me provoca relacionarme con las letras. Atractiva, sensual, elegante, conformo una imagen exitosa, ganadora. Al punto que he acopiado varios títulos que me enorgullecen, como por ejemplo, el de Reina de la Primavera en la escuela primaria. Tomé clases de canto, además, lo que agrega otra virtud para quién tiene la fortuna de conocerme. Deslumbro generalmente por la afinación y el tino que aplico en la elección de los temas, lo que lógicamente les llevara a deducir cuan popular soy en mi círculo social. Amante de la estética, ejercito mis agraciadas formas en gimnasios tres veces por
semana y, elijo cuidadosamente los alimentos que conforman mi dieta. Higiénica y saludable; sólo una sola pregunta me tortura: ¿Por qué estoy tan sola? Soledad Cruella. Hija de José, pero no de María, sí de Norma, confieso que he vivido, y los pocos errores que contabilizo, hoy son arrugas, cicatrices que me embellecen.
Por todo lo expuesto, confieso: Me gusta mi lugar; las noches de verano; cantar el himno nacional a los gritos; los vinos malbec refrescados; decir a tiempo cuánto amo; llorar hasta de risa. Y que
           VIVIR …
            NO ES PURO CUENTO.

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