domingo, 30 de septiembre de 2012

Anahí González



Nacida y criada en una ciudad-pozo con nombre de accidente geográfico. Bahía Blanca, 1978. Me sacaron con fórceps. Se ve que estaba muy lindo adentro. Me llamaron Anahí por una canción en que la protagonista era una india bruja a la que prendían fuego. Ahí donde la enterraban, nacía la flor del ceibo. Apellido González. Segundo nombre sin uso.
Bicho social/antisocial de forma equidistante, suelo inclinarme hacia el sol como las plantas.
Familia de locos lindos, a veces no tan lindos, pero sí, sí.
Camino-escalo-corro maratones-me arrastro o buceo hasta el desmayo, por las palabras.
Eterna Julieta de una noche de verano, la monogamia viene siempre un paso detrás. La quiero, no la quiero, la quiero, no la quiero. Deshojo margaritas hasta el hastío y mastico tallos bajo la luna, escéptica de lo que sea.
Eso sí, por el amor, ando desnuda.
Bailo, canto, pinto, me divierto. Cuando no, me aburro, lloro o pregunto cosas.
Siempre pregunto.
Si la respuesta me desangra, invoco de rodillas a la niña que fui. Entonces salimos a andar en bici, compramos frutillas o juntamos piedras raras por ahí. Y la catarata cesa, hasta próximo aviso.
Coleccionista de milagros, creo en las mariposas sin excepción: las de la panza, las de la primavera, las migratorias, las de los mandalas.
De una pizza, elijo la porción con aceitunas. Si todas tienen, la que lleva más queso. Esa, estoy segura, es la constante de todas mis reencarnaciones.
Prefiero lo bizarro a lo insulso. A los hombres, les miro los dientes. Me gusta como me siento cuando termino de preparar una ensalada multicolor o cuando uso pantuflas. ¿Mi mayor hazaña? Haber parido los ojos negros más hermosos que soñé. Lo que invento es lo que soy.
Si todavía estás acá, podés pasar por misespejitosdecolores.blogspot.com.

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